DE LA ESTUPIDEZ HUMANA. EL CINE DE LOS HERMANOS COEN (II)

Son, los personajes que habitan la geografía de los Coen, habitantes empequeñecidos ante la fría indiferencia del universo. La fotografía de sus films, -en los últimos años obra de un Roger Deakins en constante estado de gracia-, atestigua la reducción del hombre a una inmediata pequeñez. Por eso el Jerry Lundergaard de Fargo es enfocado en una de las escenas del film desde la planta más alta de uno de los mastodónticos y escarchados edificios de Minneapolis. La composición del plano, la espesa nieve y la figura dispersa de este patético héroe, forman, además de una estampa bellamente trabajada, una extraña sensación de fútil lucha contra el destino.

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Tal vez por eso, <<Quemar después de leer>> comienza con unos títulos de crédito que muestran la Tierra desde uno de los satélites que, y en plena era Google, son capaces de vigilar cualquier callejuela del mundo. Es en Washington donde centran su mirada los autores de Barton Fink (íd; 1991) pero, bien podrían desarrollar su historia en la ciudad de Los Ángeles. Allí, al menos, es donde dibujarán a uno de los personajes más populares de su filmografía: El Nota; quien, a día de hoy, pasa por ser icono inconfundible de la cultura pop.

LEBOWSKI, EL HOMBRE DEL AÑO

En una escena de El gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998) Jeff Bridges se observa ante un espejo que reproduce la ya clásica portada de la revista Time. En ella, vemos anunciado al hombre del año. Evidentemente, el auténtico hombre del año no es Jeffrey Lebowski, alias “El Nota” sino más bien el otro Jeffrey Lebowski, -“El gran Lebowski”- a quién verdaderamente hace referencia el título del filme. Esta ambigüedad en los sustantivos, es toda una declaración de principios y demuestra el gusto de los Coen por el malentendido, la confusión y las ambigüedades. Es marca de la casa dentro de un cine que, como el Noir, se abastece de dichos recursos para construir unas tramas que se le irían de las manos a cualquier guionista desmañado. Pero los Coen, que siempre han sido grandes escritores, parten del Noir para tergiversarlo y deformarlo así hasta un Neonoir o Subjetivismo negro que tendría, entre otro de sus representantes, al David Lynch de Tercipelo Azul (Blue Velvet, 1986).

Los Coen se solazan escribiendo sobre espías de pacotilla, detectives aficionados y huele braguetas de tercera. Así, la estupidez en este film no solo se pone de manifiesto en los secundarios, sino que, y dejando a un lado al Nota, (quien en el fondo, parece ser el más sensato de la función), alcanza sus cotas más altas en el personaje al que da vida John Goodman. Este veterano de la guerra de Vietnam es un tipo neurótico y obsesivo que, tras separarse de su esposa, vive con el perro de ésta y pasa las horas en la bolera. En manos de otro cineasta, la historia de Walter habría sido reconvertida en film de resonancias sociales. Sin embargo, los Coen, no pueden estar más lejos de este registro. Su visión es descarnada y en el fondo cruel.

Si los dramas sociales de Ken Loach requieren un compromiso del autor con sus personajes, una comprensión y un cierto humanismo; las comedias negras de los norteamericanos rehúsan acercarse a sus creaciones. Bien es cierto, que si Loach parte siempre de un realismo que casi parece más real que la vida misma, la visión de los Coen es deformada y esperpéntica.

Es en este último film donde aparece, una vez más, la figura del narrador como demiurgo. Si en Sangre Fácil (Blood Simple, 1984) la voz en off pasaba a formar parte del drama, reconvertido en detective aficionado al crimen, en El Gran Lebowski, el cronista del relato, también de estética sureña, se transfigura en un tipo de bigote espeso que parece estar por encima de cualquier miseria terrenal. La estupidez humana es observada por El extraño con una candidez y afabilidad propia, tan solo, de los viejos sabios romanos.

En contraste con este virtuoso personaje, está el resto de caracteres miserables. Por un lado, El Nota y su trupe; compuesta no solo por Walter y un pobre hombrecillo sin carisma al que da vida Steve Buscemi, sino también por el casero ridículo aficionado a la danza contemporánea, el grupo de nihilistas escuálidos y larguiruchos, Jesús Quintana, el taxista aficionado a los Eagles o el, por otro lado, policía idiota que aparece en el depósito de coches cuando el Nota recupera su vehículo. Toda esta caterva esperpéntica y desoladora, da una idea de la poca fe que debería tener uno en la humanidad de ser cierta la visión que nos proponen los Coen. Este mundo de inútiles está bien lejos de esa serenidad que profesaba Sócrates y está en las antípodas del concienzudo hombre de ciencia que pobló el siglo XVIII.

No hay solución ni remedio. La idiotez, dirían los Coen, es algo que nos atañe a todos.

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Una respuesta a DE LA ESTUPIDEZ HUMANA. EL CINE DE LOS HERMANOS COEN (II)

  1. Javi dijo:

    Partamos del principio de condicionalidad, de manera más o menos formal podemos enunciarlo diciendo “Cuando A ocurre, B también lo hace”- A y B son simplemente dos fenómenos de la clase que sea- … En segundo lugar hay que entender cómo definimos el valor moral de una acción. El Buddha lo hace de una manera muy empírica: una acción X es moralmente buena cuando tiene buenos efectos …

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