LA SOLEDAD DEL LECTOR DE FONDO

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Todas las noches, en el camino que va de la oficina a casa, un tipo de frente alta, pómulos anchos y piel atezada, pasa por mi lado volando. Es habitual encontrar por el paseo un número inconmensurable de corredores. Algunos corren por diversión, otros, a buen seguro, por mantener la línea y no sentir el plomizo paso del tiempo. Uno corre porque últimamente ha descubierto fotografías de antaño, y claro, no se reconoce. Se pregunta quién es ese tipo atlético que sonríe en la playa y que ahora sostiene barriga. A estos corredores se les identifica porque en el rostro llevan esculpida la inquietud. Son unos guerreros y luchan contra la temporalidad. Corretean infructuosamente entre la implacable escaramuza que es la vida. Naturalmente, estos corredores acaban aplastados y fuera de órbita. En su deseo por retrasar lo inevitable, se agotan. La angustia los termina por retirar del circuito.

En el lado opuesto, y lejos del mundanal ruido, está el corredor de fondo. Este corredor no pisa suelo, planea. Paavo Nurmi, ganó en 1924 el 5000 metros en los Juegos Olímpicos de París. Era conocido como el Finlandés volador. Emil Zátopek, atleta checoslovaco y especialista en pruebas de fondo, se impuso en 10.000 metros y Maratón en Helsinki 52; lo llamaban la Locomotora humana. El corredor de fondo no juega al autoengaño; trasciende límites, desafía obstáculos y desarrolla resistencia. Por supuesto, este tipo de corredor está solo. Nunca corre en grupos, no tiene prisa, se ejercita con la seguridad de que lo importante es el aprendizaje que se adquiere en el camino.

De manera análoga, el lector de fondo atraviesa las vastas extensiones del pensamiento con el mismo afán de autoconocimiento que el corredor. Empieza con lecturas primerizas, de aficionado. Poca cosa, como de paseo. Después se llena los pulmones y atraviesa desiertos. El lector, como el corredor, no teme la canícula. Alimenta el corazón y se construye su propia ética. El lector de fondo se desmarca sigilosamente del lector ocasional, eterno explorador del ocio. El lector de fondo detesta el entretenimiento. No quiere matar el tiempo. El lector que atraviesa desiertos, acaba derrotado pero orgulloso de haber sobrevivido. Después de un desierto, está preparado para atravesar el siguiente. El corredor de fondo mide sus logros en metros, el lector, en páginas y en ideas asimiladas. El primero sufre de llagas y pieles desgarradas. Los músculos se le sublevan en ardorosa insurrección. El lector convive con ojeras y pieles granulosas. El lector desarrolla su actividad en la oscuridad y entre el tumulto. No sabe qué busca pero continúa en su empeño. Algunas llanuras le parecen imposibles de atravesar. Se topa con el desierto de Proust, y lo atraviesa, con las estepas nevadas de Tolstoi, y lo atraviesa. Al volver la vista atrás, recuerda sus primeras lecturas. Hoy poco más que un paseo en noria.

El lector de fondo piensa que uno no lee por afición sino por necesidad. A este lector no le interesan los libros, le interesa, y por encima de todo, la Vida. No se encuentra vida en objetos mercantiles. Un libro no deja de ser una cosa. Esta cosificación se copia, se explota y se comercializa en grandes tiradas de papel (electrónico). El lector de fondo huye del marketing. No es que busque rarezas, más bien elude lo ordinario en pos de la verdad. No colecciona, rastrea entre anaqueles olvidados. Carga libros en bolsos, mochilas y maletas de viaje. Subraya, hace anotaciones, mantiene largas conversaciones con el texto. El lector de fondo saborea las frases y se detiene por miedo a que estas lleguen a cristalizar. Cuando esto sucede, vuelve a empezar. Paladea el discurso y siente una envidia feroz por no ser él el autor de la oración. El lector de fondo es un envidioso que codicia la lucidez de otros. Este lector no tiene su génesis necesariamente en la niñez; al contrario, nunca se fía de quienes crecieron leyendo bajo las sábanas. El lector de fondo se hace lentamente, como los frescos de Miguel Ángel. Descubre autores, hace amistades mudas, desarrolla sensibilidades. Esto es lo más difícil, dicen, porque la sensibilidad requiere, y como la carrera de fondo, un desgastado entrenamiento.

Con la adquisición de dicha sensibilidad, no ya solo literaria, (esta sensibilidad es una forma de observar el mundo), el lector se enfrenta a textos que el lector ocasional no toleraría. La verdad, así, y de golpe, duele. Mientras que el lector ocasional busca sentimientos fáciles, excursiones por parques y jardines, el lector, como el corredor de fondo, enfrenta pendientes, sube escarpadas montañas y jadea por el camino. Una cosa saben los corredores de fondo; arriba, no queda nadie con quien comentar la belleza del paisaje. El lector, como el corredor, cierra una novela y, con mayor o menor fortuna, rara vez tiene un cómplice a su lado. El texto, los personajes, la vida misma, son todo suyos. La vida entera, en ocasiones, suele ser demasiado para un solo hombre.

Pero no es la literatura lo que se muere, sino los lectores. Prevalece la imagen, los colores. Por supuesto es siempre más estimulante la televisión que el libro. El libro pide dedicación, paciencia, concentración. El lector de fondo sabe que el acto de leer requiere un esfuerzo mental y lo acrecienta con ejercicios. El libro es celoso y posesivo, una pareja fatal que sin embargo, sabe recompensar cuando todo lo demás es deficiente. El lector de fondo es consciente de que en ese fondo áspero de su alma, si lee mucho, es porque está solo. Las compañías pervierten el mundo interior o, (y esto dependiendo de quienes sean tus amigos), lo enriquece. Dadas las circunstancias, el lector sospecha del mundo, de los grupos y de las conversaciones plurales. La literatura es siempre un diálogo entre dos personas por mucho que algunos se empeñen en matar al autor. En estos diálogos precisamente, es donde florece la verdad. En la comunicación íntima de la pareja. El escritor y el lector caminan juntos como dos borrachos al final de la noche. Ambos juguetean, se sinceran y exponen sentimientos seguros de que al volver a casa, ninguno recordará nada. Y sin embargo, ahí queda.

Pienso esto en el camino que va de la oficina a casa. El corredor de fondo me adelanta, toma distancia, y se pierde tras los márgenes de la ciudad.

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Una respuesta a LA SOLEDAD DEL LECTOR DE FONDO

  1. Javi dijo:

    Realmente da gusto escucharte hablar abiertamente de lo que te gusta. Precisamente, añado que es mejor aún cuando una/o lee a alguien que conoce, máxime si lo conoce bien. Un abrazo, compañero!

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