CRONOPIOS

Siempre quise ser como Cortázar. Es hacer clic en el buscador de imágenes y corroerme la envidia. Me pregunto por qué no vine al mundo en otro lugar y en otra época. Por qué no fui argentino nacionalizado francés. Vivir en París o Buenos Aires o en ambas ciudades con el alma repartida, debe ser, para el que escribe, todo un acto de inspiración. Máxime si este París es el de los sesenta y a ese Buenos Aires le canta Gardel.

Julio Cortázar

Julio Cortázar (Photo credit: Mondo Gasparotto)

Cortázar, medio parisino, medio bonaerense, debió ser un tipo carismático. Basta con escudriñar esa vieja fotografía en la que aparece con un cigarrillo a punto de arder. Su mirada es profunda, inteligente y despierta. El cabello escrupulosamente desordenado y la chaqueta de pana, lo convierten en una versión gaucha de Mastroianni. Un galán, una imagen fosilizada, restos de literatura anterior.

Inventor de palabras, Cortázar todavía me debe una definición de Cronopio. Si estos existen, ¿pueden ser vecino de una mónada?, ¿de un átomo?

A Cortázar le gustaba pasear por los bouquinistes y comprar libros de Balzac. No sé qué pensaría el escritor argentino sobre La comedia humana, no sé si él mismo podría incluirse dentro de la farsa que es el mundo. Probablemente con esos abrigos y esas presencias, tanto Cortázar como Mastroianni, deberían considerarse alejados de cualquier miseria terrenal. Por supuesto esto es siempre fantasía, el gran vecindario del mundo lo abarca todo, desde parados y joyeros a escritores con ínfulas de inmortalidad.

No sé por qué, pero en casi todas las películas argentinas aparecen personajes ilustres. Gente como Cortázar pero más de andar por casa. Federico Luppi y la concha de tu madre. Todas son historias tristes de cierta comicidad (Dramedy por usar la jerga al uso). Se me viene a la cabeza, El hijo de la novia, Luz de otoño o Martín H ¿Por qué en todas hay gente tan interesante como Cortázar y por qué aquí, en la dimensión, pongamos, de lo real, las personas siempre somos tan aburridas, alienadas y mediocres? Cortázar escribía sobre magas y famas. Mignogna sobre seres maltratados por la vida que todavía depositaban fe en la magia.

Naturalmente, considero que la vida sería más interesante si estuviese escrita por un guionista argentino. Los guionistas de Dios, lo juro, son irremediablemente ineptos. Crean personajes estúpidos o malsanos, o grises, o envidiosos o, literalmente imbéciles.

Cortázar, cabrón, llévame a la Pampa y preséntame a todos tus paisanos ilustres. Aquí abajo solo hay universitarias idiotas, fanáticos del fútbol y ministros canallas.

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