BORIS, BORIS

English: Boris Vian Български: Борис Виан

English: Boris Vian Български: Борис Виан (Photo credit: Wikipedia)

Boris Vian nace en Ville-d Avray; (esto no queda lejos de París).La pequeña comuna francesa fue inmortalizada por Corot y desde sus colinas boscosas, presenció infancias estelares. Por sus calles corretearon, además del propio Vian, Yehudi Menuhin o Isabelle Huppert. El propio Menuhin, antes de convertirse en virtuoso violinista, recordaba la casa de los Vian por las bicicletas que la familia guardaba en el garaje, (una por hermano). Menuhin, aunque genio, era niño y quería pedalear.

Con los años, Menuhin empezaría a dar conciertos alrededor del mundo y Vian pasaría a convertirse en ingeniero. Naturalmente, un talento tan imaginativo como el de Boris, no podía quedar limitado por el alienante oficio de técnico cualificado. Si Vian se había licenciado en Ingeniería, había sido en parte por su incontinente pulsión creadora. Boris no quería ser un obrero al servicio de la técnica, Boris quería ser inventor.

La desbordante imaginación de nuestro hombre no se iba a conformar con la fabricación de ingenios. Boris tenía otros planes. Boris soñaba con la música. Le fascinaba el jazz,  y a buen seguro, le hubiese gustado ser negro; de Nueva Orleans.

Tanto le gustaba el jazz a Boris, que se hizo trompetista en contra de las recomendaciones médicas. <<Boris, no te hagas trompetista pues padeces una dolencia cardíaca>>, exclamó el doctor Brel una tarde lluviosa de otoño. Pero Boris, nuestro hombre, siempre fue un insubordinado vital. No hizo caso y empezó a soplar. Decía que lo suyo era subir al cielo con los grandes intérpretes de bebop. Sidney Bechet y Charlie Parker; pero sobre todo, Duke Ellington, con quien mantuvo una estrecha amistad. Así, muchas de las calles descritas en los libros de Vian, llevan el nombre de algún célebre músico. Los personajes de La Espuma de los días, una de sus novelas más famosas, cuando pasean o salen a trabajar, lo hacen por la calle Ben Webster o la Avenida de Miles Davis.

Sabiendo que morirá joven, Boris continúa dándole a la trompeta y componiendo canciones. Al mismo tiempo escribe poesía y obras de teatro; escribe novelas y colabora en alguna de las más prestigiosas publicaciones de la época, entre ellas, Les Temps Modernes, cuya fundación se la debemos al estrábico Jean Paul Sartre.

Boris se mueve, por lo tanto, en un ambiente marcadamente existencialista. Participa como figurante en producciones cinematográficas y se ve expuesto al sinsentido de la censura debido a la publicación de Escupiré sobre vuestra tumba; tal vez, su obra más controvertida.Y aún así, Boris sabe que morirá pronto.

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Todo el peso de la fatalidad que recorre su obra es signo del sentimiento de finitud que siente el autor ante la muerte. El mundo visto como las burbujas de una ola que se disipan poco después de nacer. La inevitable efervescencia de una vida. El relampagueo de luz en medio de una eternidad de oscuridad. Luego poca cosa queda; el silencio.

Boris es consciente del tiempo que tiene, y lo dilata. Estira la vida como una goma de mascar blanda y maleable. Boris desea tanto vivir, que se desdobla como escritor, traductor, compositor e inventor.

Pero la tragedia sigue estando ahí como la mala conciencia. La muerte, que lo es todo, empuja a nuestro hombre a imaginar mundos donde los personajes perecen con el paisaje. Chloe, la joven protagonista de La espuma de los días, se consume como una flor antes de llegar a los treinta. Nunca la juventud y la belleza fueron arrebatadas de manera tan triste. Chloe como trasunto del propio Vian; joven, enferma y sin embargo, repleta de vida.

Pero Boris no concibe un mundo donde los personajes contraigan enfermedades banales. En su fantasía, las enfermedades, aunque conductoras de un mismo epílogo destructor, son imaginativas y hasta podría decirse, hermosas. Chloe sufre la aparición de un nenúfar en el pulmón que le absorbe la vida a ritmo de minutero. No puede beber agua y el único afán de Colin, su joven marido, es salvar la vida de la esposa. Por eso lo vende todo hasta arruinarse. Tan naufragado queda el joven Colin, que al final, ni siquiera tendrá medios para pagar el entierro.

La desolación envuelve la historia de los enamorados, quienes de manera infructuosa, luchan contra el paso inexorable de los días. Colin corre de un lado a otro tratando de evitar lo inevitable. En las fantasías de Boris, cuando un personaje empieza a morir, los soles ya no entran de igual modo por la ventana. Un ratón de graciosos bigotes, observa el fenómeno y trata de capturar los escasos rayos de luz que antes de la enfermedad, se esparcían por el pasillo iluminando el amor y los espejos.

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Chloe se consume lentamente, y con ella, no solo los soles, también las paredes, las cuales se estrechan volviendo el entorno opresivo y oscuro. Los amigos de la pareja se preguntan cómo puede cambiar tan deprisa un apartamento. Colin no comprende por qué Chloe se muere ni por qué su felicidad ha tenido que durar tan poco.

Se lo pregunta a Jesucristo, que baja de la cruz durante la misa, pero Jesucristo apenas es un hombre de luengas barbas y cabello espeso, indiferente al dolor humano.

La imaginación de Boris no conoce límites ni prejuicios. Juega con las palabras y es un experto creador de anagramas. No tiene reparo en bajar de la cruz al hijo de Dios y hacerlo ronronear como un gato. No le importa introducir animales que interactúen con personajes reales. Con Boris uno tiene la sensación de estar asistiendo a un mundo nuevo; verdadero.

Este Boris tuvo que ser un tipo peculiar, un ser humano excepcional, irrepetible. Todos somos especiales, pero unos, lo son más que otros.

El 23 de junio de 1959, Boris, nuestro hombre, asiste a un pase de proyección de Escupiré sobre vuestra tumba en una sala no muy lejos de Champs Élysées. Su obra empezaba a ser engullida por el cine y Vian asumía que su estancia en la Tierra tocaba a su fin. Apenas había comenzado la proyección, la cabeza del escritor se desvaneció hacia atrás. Alguien entre los asistentes llamó a una ambulancia y Boris fue trasladado rápidamente al hospital. Pero Boris ya no estaba en París sino en el reino de los dioses tocando la trompeta junto al viejo Bechet. Mientras tanto, en una calle del barrio de Montmatre, un melancólico ratón de largos bigotes y mirada triste, trataba de convencer a un gato para que se lo comiera <<No puedo comerte, eso no estaría bien>> exclamó el gato <<De acuerdo…>>respondió el ratón<<Tú abre la boca; yo introduciré la cabeza entre los colmillos; solo tienes que tragarme>> <<Si es lo que deseas…, pero no podré zamparte hasta que alguien me pise la cola>>contestó el gato acurrucando al ratón entre los dientes. Un grupo de niñas vestidas de colegialas se acercaban por el final de la calle gritando, correteando y cantando cantinelas de amor.

 

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