PELÍCULAS INTELIGENTES PARA NIÑOS PERVERSOS

girl-knights-smith319x473Todo el mundo nace, pero no todo el mundo nace igual. Hay quien nace para pastelero, fontanero…y algunos, solo llegan a saber hacer ensalada de atún.

Así empezaba una película que, lejos de enraizar su historia en una larga tradición de ingenuas y almibaradas producciones infantiles, ponía en pie un relato ávido y respetuoso para quienes empezaban a recorrer el mundo. Esta película es Matilda y recuerdo la viva impresión que me causó cuando la vi un día cualquiera, de un mes cualquiera en uno de esos multicines de centro comercial tan idiosincrático de los noventa. Pensé que aquello no se parecía a nada de lo que había visto hasta entonces, (sobre todo producciones Disney y alguna incursión en los extravagantes mundos de Tim Burton) Matilda era una película que hablaba sobre niños y para niños, y lo hacía de una forma asombrosamente honesta. Por supuesto todos vimos morir a la madre de Bambi y a Mufasa (tampoco olvidaremos, los de nuestra generación, aquella pavorida estampida que dejó sin padre a Simba) en aquella otra tragedia shakesperiana que Disney estrenó en pleno renacimiento de la compañía.

Tanto Simba como Bambi se quedaban solos en un mundo cruel que los empujaba a madurar hasta convertirse en adultos de primera. Si Bambi hubiese nacido hoy, probablemente habría acabado derivando en un ciervo adulto disfuncional, drogodependiente, y sempiterno visitante de consulta terapeuta.

Matilda, por el contrario, no ha visto morir a ninguno de sus progenitores, aunque a buen seguro, no le hubiese importado; a fin de cuentas, Matilda está igual de sola que Simba. Sus padres no la comprenden y tiene un hermano mayor que se burla de ella. Matilda es, lo que se dice, una niña brillante. Desprende luminosidad en medio de un mundo tenebroso y hostil. No hay tragedias mayores en su vida y por supuesto nadie perece de forma grandilocuente. El mundo de esta niña enamorada de los libros, es un lugar en el que los adultos son injustos, egoístas y malvados.

En la infancia ocurre que uno desconoce las fuentes. Al ver una película, el niño nunca piensa qué o quién está detrás del texto. Intuye el relato como verdadero, como reflejo de una realidad extraña. El cine es, para el niño, prácticamente magia.

Por otro lado, en la década de los noventa el niño no ha oído hablar de Roald Dahl. Ignora que éste sea uno de los más grandes escritores (infantiles) desde Andersen. No sabe, por ejemplo, que tras la escritura de un guión adaptado suele esconderse una novela. No sabe, que a su vez, el texto original ha sido concebido por alguien que, sin ser un escritor abiertamente autobiográfico, construía sus ficciones a partir de los recuerdos de infancia.

La película, naturalmente, está basada en la novela homónima del escritor inglés. Y si algo sabía Dahl, era enunciar el mundo sin aderezos. Sus novelas no ocultan a los niños la perversidad de la vida. La expone y dice: <<Niños, así de injusto es el mundo>>, para después fabular y demostrar que dentro de este cuento de monstruos y hadas, también hay fantasía y fascinación. Matilda encuentra esa fascinación en la literatura. No solo ha leído a Melville o a J.D Salinger antes de cumplir los siete, sino que además detesta el alienante y mediocre mundo de la televisión. El afán de Matilda por aprender es inconmensurable.

La literatura de Roald Dahl destaca por esa descripción de entornos amenazantes que pueblan los viejos cuentos alemanes. Las brujas y los profesores malvados son la reinvención de los lobos feroces y los duendecillos del bosque.

En una escena de la película, la profesora Trunchbull agarra a una de sus alumnas por las coletas y la lanza como una pelota medicinal entre una algarabía de niños aterrorizados. Uno piensa que el colegio no puede ser un lugar tan terrorífico y, sin embargo, las estrictas escuelas inglesas donde estudió Dahl, no distan mucho de ocultar asfixiaderos en los que encerrar a los que se portan mal.

Matilda está íntimamente emparentada, además, con el Oliver Twist de Dickens. Otro autor que, por cierto, manejaba a la perfección las descripciones de un mundo injusto. El bueno de Twist, también deambulaba por unos paisajes de adultos crueles y colegios funestos.

La literatura del autor de Charlie y la fábrica de chocolate alarma a todo niño encastillado en la sobreprotección materna. Le abre los ojos y lo estimula. Saca a todo jovencito mimado de la insolencia con la consabida experiencia de quien ha pasado mucho en la vida. Dahl fue piloto de avión durante la Segunda guerra mundial y vivió en Tanzania durante el tiempo que trabajó para la Compañía Shell. Allí, como es natural, se enfrentó a leones y otros peligros. Poco después se estrellaría en el desierto fracturándose el cráneo. Pero Dahl, sobreviviendo a este mundo perverso, conseguiría escapar de la muerte para convertirse en escritor. Esto era cuando la vida de los escritores era igual o casi más interesante que sus obras.

Roald Dahl es autor de otras historias geniales para niños perversos, entre ellas, Las brujas, James y el melocotón gigante, o El fantástico señor Zorro. Ahí es nada.

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Una respuesta a PELÍCULAS INTELIGENTES PARA NIÑOS PERVERSOS

  1. G. dijo:

    “El fantástico señor Zorro” 🙂 ❤

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