ANALÍTICA DEL SISTEMA LIBERTINO

helmut-newton-lavazzo-1365531967_b<<Existen dos maneras posibles de enfrentar el mundo>>, dijo Momina sacando un cigarrillo. <<Una es filosófica, la otra, artística. Solo entiendo una de estas dos actitudes; aunque miradas hay tantas como personas, cualquier perspectiva distinta me parece deficiente. Coincidimos cuando piensas que la postura filosófica es siempre una ubicación segura. Te pondré un ejemplo: si observas que alguien está siendo apuñalado desde la seguridad que te proporciona el balcón de una casa, entonces, tu postura es filosófica. No te pringas de sangre, cariño. El artista, en cambio, no es que presencie el apuñalamiento a pie de calle, es que percibe la punzada porque él mismo es la víctima. Siente la hoja atravesarle las entrañas. Está inmerso en la vida. El filósofo, por el contrario, juzga desde lo abstracto. Su posición es la de un magistrado distante. Disecciona el cuerpo del mundo con frialdad. Habla de los afectos como si estos no tuvieran poder para contaminarlo. El artista, por otro lado, posee una sensibilidad que lo desborda. Cualquier circunstancia, por nimia que esta sea, tiene la capacidad de ahogarlo. Por eso son tantos los poetas que optaron por quitarse del medio. Te podría hacer un listado con esa pléyade sagrada, cariño>>, Momina se había puesto de pie y ahora, en mitad de su discurso, nos dirigía hacia uno de esos locales de moda que tanto le gustaban. Quería bailar y fumar. Renegar de la Momina con la que se veía obligada a convivir a diario<<Safo; se quitó la vida lanzándose al mar por un amor no correspondido. Silvia Plath, desencantada y deprimida, abrió la espita del gas y…, bueno, ya conocéis el resto. La lista es extensa; Emilio Salgari, Stefan Zweig, Heinrich Von Kleist ¿En cambio, recordáis algún filósofo suicida? Naturalmente, el ejemplo de Sócrates no es válido. Tanto Séneca como Sócrates cometieron suicidios políticos. Deleuze se lanzó por el balcón de su apartamento porque no toleraba una vida condicionada por la enfermedad. Nada de tristeza, nada de pasiones. Una última y razonada postura filosófica. No sé vosotros, pero yo, personalmente, prefiero el artista al filósofo>>.

ANTEINFIERNO        

Antón, que había permanecido en silencio durante toda la noche, farfulló que más allá de ambas posturas, su tendencia natural era la de identificarse con la actitud del libertino <<Ni filosofía ni arte; placer y carne. Esa es mi opción de vida>>. Pero Momina no estaba dispuesta a dejar la discusión en punto muerto << ¿Has leído al Marqués de Sade, cariño>> <<De cabo a rabo>>, afirmó Antón <<Entonces te habrás dado cuenta que, rabos aparte, el sistema del Divino Marqués es, a todas luces, irrealizable>>, respondió Momina. Antón, que ahora se encogía de hombros, dijo: << ¿Acaso no te parece el mundo un lugar desquiciadamente sádico?>> <<¿Acaso no crees que esta vida es, en realidad, un cochino mundo en el que los ricos prevalecen sobre los pobres?>> <<Está bien, nene>> rezongó Momina <<Veo que te apetece discutir; ¡discutamos!>> Sacó otro cigarrillo y aspiró con solemnidad, como si las palabras que pronunciara a continuación fuesen a prevalecer más allá de la simple cháchara entre amigos <<Tú deseas convertirte en libertino. En un amante del vicio y los placeres prohibidos. Te atrae lo perverso, lo morboso. El ser humano es así de enigmático. Siente una terrible atracción por lo inmundo ¿Por qué si no ibas a leer La filosofía en el tocador? Sin embargo, te diré algo: no hay nada más alejado del placer, que la vida de libertino. En el sistema de Sade, <<lo que da placer>> no es nunca <<placentero>> en sí. Deberías saber, querido Antón, que el libertino sadiano, lo es, porque disfruta con el espectáculo de la pobreza ¿Es ese el tipo de hombre al que de verdad aspiras? Yo creo que no. En realidad, te confundes. El mundo de Sade es cruel. Intuyo que en realidad lo que defiendes, es un hedonismo enmascarado de orgía decimonónica; pura pose, Antón; fanfarronería ilimitada; no nos confundamos. La filosofía de Sade debe ser tomada en serio.

Claudia, que estaba dentro del local cuando entramos, alzó los brazos  llamando la atención de  Momina << ¡Pero bueno, llevo esperando más de dos horas! ¿Se puede saber dónde demonios os habéis metido? <<Antón quiso parar a comprar cigarrillos>> respondió Momina <<Pensamos que estarías acompañada… >> << Lo he pensado mejor, Momina ¿Para qué salir con alguien que en realidad te hace sentir más sola que de costumbre?>> <<He pensado que…bueno, dadas las circunstancias, todos estamos solos; que es difícil, por no decir imposible, el que un hombre y una mujer se pongan de acuerdo para mantener una relación juiciosa. Cómo es posible, dentro de un mundo en el que cada cual tiene sus propios intereses…No sé, Momina…>>exclamó Claudia suspirando <<Si aceptamos que estamos solos en el mundo y que nadie llega a estar realmente conectado con nadie, entonces considero que la vida no merece la pena ser vivida. Yo no estoy en el mundo para lograr una carrera y salir los fines de semana. Todo eso me resulta insuficiente, Momina, ¿a ti no?>> El local, impregnado de un humo sucio, era una pobre imitación de los garitos americanos de los setenta. Un centenar de vinilos aparecían adosados a las paredes, y del techo, colgaban como lunas, tres bolas de espejos. Tratando de abrirse paso entre el tumulto, asomó Juliette; venida desde Francia, devastaba nuestra Península como incansable coleccionista de amantes (la nómina incluía a sujetos de ambos sexos), mientras trabajaba de alumna interna en un doctorado sobre la compasión en Schopenhauer. Vivía con su hermana, Justine, dos años menor, y ostensiblemente virtuosa si la comparábamos con Juliette, que era promiscua, salvaje, y de rostro ostentosamente taimado << ¿Por qué no vamos al Infierno? ¡Este sitio apesta!>>, exclamó Juliette tratando de arrastrar a los recién llegados. Saludó a Momina y a continuación empezó a coquetear con Antón. Poco después, y tras sucumbir a los inquisitoriales encantos de la francesa, el grupo se estableció definitivamente en el Infierno.

PRIMER CÍRCULO O CÍRCULO DE LAS MANÍAS

<<Antón decía que le gustaría llevar una vida de libertino, ¿tú qué piensas, Juliette?>>, preguntó Momina mientras le guiñaba un ojo a Claudia <<Opino que es demasiado joven. Un libertino jamás puede serlo antes de cumplir los treinta. Todos los disolutos y poderosos hombres que pueblan la literatura de Sade superan los treinta y cinco. La depravación, mi querido y pequeño Antón, es algo que lleva años aprender. Además, qué sabrás tú de vicios, ¿acaso crees que estás a la altura de políticos, marqueses y banqueros? Eres un pobre diablo, Antón. En el mejor de los casos, dentro del sistema sadiano, apenas ocuparías el más denigrante de los niveles << ¿Qué nivel es ese?>>preguntó Claudia con soterrada curiosidad <<Las víctimas de servicio. Son aquellos que acompañan al libertino a todas partes para aliviarle. En el sistema sadiano todo está dividido en categorías. En el primer escalón se encontrarían los grandes libertinos. Seres nacidos para la depravación. Piensa en cualquiera de nuestros políticos, en oficiales del ejército destinados a cometer la peor de las atrocidades. Piensa en los jefes de Estado encargados de aniquilar de modo tiránico cualquier manifestación del espíritu. Piensa en Pinochet, en Kim II-sung, Piensa en Mussolini, piensa en Mussolini, en Franco y en el mismísimo Hitler. Los grandes libertinos representan el poder absoluto. El fascismo entonces y los grandes jeques capitalistas ahora.7

En el segundo escalafón estarían los ayudantes mayores, digamos que son los funcionarios del libertinaje. Todos aquellos carceleros que operaban en los campos de Stalin; perros guardianes al servicio del poder. Máquinas expendedoras de anulación. Puesto número tercero: familiares del libertino. Criados y al mismo tiempo sujetos. Le llevan el desayuno a la cama a la vez que le presentan su trasero>> << ¡Qué horror!>> farfulló Claudia llevándose una mano a la boca <<Obviando el puesto número cuarto que desempeñaría nuestro hermoso y bienquerido Antón, estaría la categoría más baja y deleznable; ocupada por las esposas. Estas establecen pactos con los libertinos mediante contratos. Establecen formalidades y se casan con estos indistintamente del sexo. Las esposas son la víctima total>>. Antón, que parecía atónito ante el aparente dominio que la francesa tenía del sistema sadiano, resolvió transitar un camino que, a todas luces, acabaría por hundirlo ante la superioridad intelectual de las dos mujeres <<Bueno, pero estaréis conmigo que al menos, podemos leer a Sade como literatura erótica>>                    << ¡Literatura erótica!>>, gritó Momina << ¡No has entendido nada, pequeño Antón!>> El culmen del erotismo en nuestro tiempo, al menos así fue hasta la poderosa expansión de la pornografía, radica en el strip-tease. El paradigma de lo erótico venía a manifestarse en el concepto de la sugerencia. Los libertinos jamás piden a sus víctimas que se desnuden lentamente, al contrario, toda la ropa en Sade es funcional. La víctima se viste y desviste con avidez. No hay insinuación ni, por supuesto, delicadeza. La orden preferida del libertino es: << ¡Descúbrase!>> y entonces, el objeto queda al desnudo, humillado. Ni siquiera podemos tildar a Sade de pornográfico. Precisamente por eso, porque la escena pornográfica carece de verbo. En cambio, la literatura del Marqués es insoportablemente verborreica. Los libertinos discurren y reflexionan. Utilizan la palabra como herramienta y construyen el sistema del mundo a partir de su discurso filosófico. El libertino se diferencia de la víctima principalmente por la palabra.

SEGUNDO CÍRCULO O CÍRCULO DE LA MIERDA             

Momina dijo que se aburría, y que además, estaba hambrienta. A esa hora, pocos sitios estarían dispuestos a rellenarnos las entrañas, de modo que subimos todos al coche de Juliette, bien apretaditos, sintiendo el alma del vecino, y arrancamos en busca del McDonald’s más próximo. Claudia empezó a mencionar no sé qué asunto sobre lo insoportablemente aburrida que le parecía la vida <<En realidad el mundo es como un enorme zulo en el que estamos obligados a convivir con depresivos, tarambanas, majaretas y maníacos. Todo en esta vida es perverso y demencial. Si te detienes un instante a radiografiar el cuerpo físico de la humanidad, encontrarás que éste es repugnante. La paradigmática miseria de los organismos me repugna. El sudor, las pieles flácidas, los tatuajes, que, para qué negarlo, prevalecerán sobre la epidermis acartonada del finado, bien enterradito, en el subsuelo, hasta diluirse para siempre, renegando al fin, de la insoportable mediocridad que reviste toda vida humana. Y lo peor de todo, es que el hombre, con sorprendente ingenio, ha creado inopinadas formas de expansión. La miseria ha encontrado ahora su conducto y se propaga a través de infinitos canales de televisión. La mezquindad, que es real y palpable, se representa y explota en programas televisivos que hacen de la miseria general, miseria detallada. La tele realidad es ahora más real que la propia vida. Selecciona lo peor del eslabón humano en complejos programas de casting y lo ajusticia en foro público como a los primeros cristianos. Coge a toda esa gente parapetada tras la suciedad, la pobreza y el paro y cuélgala ante un millón de espectadores como colgarías los trapos del tendal.

avatar_0_1307660256-10-03-2008-0483972001205108030-helmut-newtonLa realidad me parece insoportable, la democratización de los medios ha conseguido que el mal gusto sea garante de espectáculo. La televisión pesca lo más inmundo de la vida y lo promociona, vía satélite, por los escaparates del mundo. Luego están los estetas, creadores de una nueva realidad. Estilizadores de la vida. Para ellos, el mundo no existe si no es fotografiado previamente a través de Instagram. Ocultan la roña como si ellos mismos no fueran productores involuntarios. Las arrugas, las costras y el sistema de alcantarillado solo es posible como concepto. Para estos neoestetas, el mundo debe ser reducido a portada de Vogue. Helmut Newton, Mario Testino…Todo funciona gracias a MasterCard. Con Visa compran preciosos vestidos floreados, lentes vintage y el penúltimo sombrerito hongo. Estos tipos no residen en ciudades determinadas. Viajan por el globo estudiando dios sabe qué. Para ellos, y como la orgía sadiana, el mundo es una gran performance, puesta en escena, mirada profunda y luego, a cagar. Estos niños, (esclavos de la imagen) realizan su lavado de cara a través de perfiles inventados, donde todo es reluciente, luminoso y el rostro aparece siempre maquillado. Roban imaginería impresionista, se abastecen de Monet, Manet y toda la paisajística francesa. Los mundos de esta humanidad enmascarada, son los mundos de alguien que posa junto a gnomos de jardín; hoy en París, mañana en Nueva York. Amélie Poulain, viejas bicicletas desvencijadas. No sé qué me produce más repugnancia, el espectáculo de la miseria o su ocultamiento>>.

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