AMOUR, AMOUR!

screen-shot-2011-04-25-at-9-46-49-amEl amor auténtico, el de verdad, ese que nadie conoce pero del que todo el mundo habla, solo se alcanza al final. Es decir, cuando el envoltorio ya está rugoso. Los otros, los amores vespertinos, primigenios y de juventudes militantes es, para qué engañarnos, pura fabulación.

Uno se enamora, o dice que se enamora, como ser atemorizado. Se experimenta un sentimiento excepcional de confianza, que en los seres amedrentados, hace las veces de amor.

Los enamoramientos, de primera, no dejan de ser una lucha a muerte entre egos. De insensatez. El amor joven es, por regla general, un amor-basura. El amor no debería estar permitido en menores de sesenta. <<Ama con inteligencia, es tu responsabilidad>>.

Luego, como el espermatozoide que atraviesa llanuras infernales, el amor superviviente, el que ha superado las barreras del egoísmo, los celos; aquel que afronta y abona en las huertas de la confianza, prevalece. Es el amor arrugado que ha visto dinamitar el mundo a su alrededor. Los amores de vejestorios, cuando se logran al final de una vida, son el Amor y punto.

Hay que quererse tanto como para comerse la mierda del otro. Si no hay mierda de por medio, no hay amor que valga. Todavía recuerdo una secuencia de Delicias turcas, en la que el personaje de Rutger Hauer, ante los desgarradores gritos de Olga, su amorcito, asustada después de cagar sangre, introduce las manos en las heces para asegurarse de que todo está en orden, de que nada, enfermedades aparte, podrá fragmentar su amor abnegado. Del trasero de Olga, dice Hauer clavando una rosa, solo pueden salir cosas hermosas.

Si de la escatología que viste todo cuerpo físico, no somos capaces de sacar poesía, entonces, apaga y vámonos.

El amour, ya lo dice el rito religioso, está en la salud y la enfermedad.La última película de Michael Haneke, (para variar) es todo enfermedad. Última extensión del territorio amoroso: esto es, la descomposición de la memoria. La pareja protagonista, octogenarios, se quieren. Solo queda la convivencia pacífica, los almuerzos en silencio y las salidas matutinas. Los viejos, que representan un amor auténtico, pasan los días cuidando el uno del otro. Pero la visión del amor de Haneke, es, claro está, harto especial.

En el Festival de Cannes, todo el mundo aplaudió la película. Hasta las narices de tanto peloteo, decidí que mejor lo pasa uno en la playa y a solas. Allí, una actriz negra vestida con una toga blanca, intérprete de alguna película francesa que todavía no había visto, me dijo que ella también pensaba en lo aguafiestas que era el señor Haneke. Mejor quedarse allí, observando la puesta de sol. Después me contó cómo había ayudado a una gaviota herida que, tras quedar atrapada en una red de pesca, se había fracturado la pata izquierda.

Yo no supe que responder, a fin de cuentas, con aquella soga blanca sobre fondo negro, cualquier idea pesimista introducida por Haneke, se me había evaporado con ferocidad. Después, y tras un repentino silencio, la actriz me preguntó: ¿Y tú, crees en el amour?

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3 respuestas a AMOUR, AMOUR!

  1. Javi dijo:

    No sé qué decir…
    por otro lado, estás mintiendo, o no?

  2. Javi dijo:

    Pues no sé…, yo sólo puedo responderte con la ctitud veraz de Krishnamurti:
    “O bien proyectamos nuestras vidas al mañana y continuamos como estamos ahora, esperando que ocurra alguna clase de resurrección, encarnación, o morimos cada día; morimos cada día para nosotros mismos, para nuestra desdicha, para nuestro sufrimiento; nos despojamos de esa carga cada día de manera que nuestra mente sea fresca, joven e inocente. La palabra «inocencia» significa «incapaz de ser herida». Tener una mente que no pueda ser herida no quiere decir que ella haya desarrollado mucha resistencia -al contrario, una mente así está muriendo para todo lo que ha conocido donde ha habido conflicto, placer y dolor. Sólo entonces la mente es inocente; eso quiere decir que puede amar. No es posible que amemos con la memoria; el amor no es cosa del recuerdo, del tiempo.

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