INTERIORES, DE WOODY ALLEN

interiores3<<Si de algo nos priva el mundo, es de poesía>>. Ojos de ébano estaba de acuerdo conmigo. Allí tumbada, y frente al ventilador, Ojos de ébano no iba a permitirse el menor atisbo de acaloramiento. Me daba la razón, como a los locos. Me decía <<Sí, papi>> Y luego, seguía hojeando la revista. Estaba serena, Ojos de ébano, con su particular rostro impertérrito, ajeno a los huracanes de la vida. Tumbado sobre ella, me quedaba mirando sus enormes ojos de gato y me preguntaba de dónde sacaría tanta serenidad. Pero si por algo se caracterizaba Ojos de ébano, era por la oscuridad, siempre indescifrable, de sus vistas sin fondo. Era asomarse a ella y contemplar el enorme terror cosmológico del universo. <<Hay que arrebatarle poesía al mundo>> volvía a decirle una y otra vez <<El mundo nos la escamotea, nos la regala con cuentagotas, la poesía>>, <<Sí, papi>> respondía ella <<Lo que si nos proporciona el mundo, y con sobrada solicitud, es miseria. De eso no nos falta. Aquí, en estos barrios deprimentes, tenemos fealdad para rato>>, <<Sí, papi, sí>>.

Ojos de ébano sabía de lo que hablaba. Lo sabía porque ella misma había crecido festoneada de tristezas. Pertenecía a una de esas familias pobres del ghetto que, por infelices, lo son a su manera y en nada se parecen a las demás. Tal vez por eso no le interesaba la película de Woody Allen que daban por televisión. Interiores habla de una familia rota y Ojos de ébano ya se las sabía todas sobre el tema. Prefería, en cambio, recrearse en el entretenimiento dócil de una revista. Pasar la tarde pintándose de verde los dedos de los pies. Dedos que después movía con repentina gracia remedando el sonido de unas campanillas imaginarias.

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Todos en el barrio conocían el pasado familiar de Ojos de ébano, eso, y su particular forma de moverse. Ojos de ébano era la reina del ghetto, la belleza devastadora a la que todas las niñas aspiran. Durante las calurosas mañanas de verano, las más pequeñas taconeaban sobre el acerado cimbreándose como Ojos de ébano. La imitaban que daba gusto. Y luego, cuando ésta pasaba por su lado, camino del supermercado al apartamento de alquiler en el que vivíamos desde el otoño pasado, todas gritaban << ¡Ojos de ébano, ojos de ébano, la reina del ghetto!>>

Sin embargo, Ojos de ébano no sabía gran cosa de poesía. No le interesaba. Yo le hablaba sobre esos tíos empeñados en saquear la belleza del mundo. En la película de Woody Allen hay un homenaje confeso a uno de estos rateros de lo excelso: Vilhelm Hammershoi.<< ¿Quién es ese?>>, preguntó Ojos de ébano soplando las uñas del pie izquierdo <<Un pintor danés. Allen le rinde tributo en todos y cada uno de los planos de su película>> << ¿Qué pintaba ese tal Hammershoi? >> <<Sobre todo interiores>>, contesté <<Paisajes íntimos del alma. Estados de ánimo>> << ¿Por eso te gusta tanto esa película?>> <<Por eso y porque Woody Allen, como Hammershoi, saben de qué va la cosa>><< ¿Y de qué va la cosa? >>De huir, como sea, de las vergonzosas mediocridades del mundo.

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