EL MARAVILLOSO MUNDO DEL CIRCO (FELLINI OCHO Y MEDIO)

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En ocasiones sueño con plataformas circenses. Diletante del funambulismo, no tengo la menor idea sobre circos ni carpas. Obtuso malabarista, nunca he domado una fiera. Rara vez recuerdo un chiste, más en la vida conocí una mujer barbuda. Por el contrario, sigo soñando con plataformas circenses. Soy un payaso, torpe orquestador del mundo, como Dios. En mi plataforma soñada, los personajes salen al foso y se ponen perdidos de arena. Bajan amontonados desde lo alto de una enorme gradería que los lleva hasta mí. Uno es siempre el regidor, el cineasta, el creador total de la vida. Un niño encabeza la banda de clones musicales. No falta ni uno. Los muertos y los vivos en mi plataforma circular. Mi madre, que acompañada de mi padre ignora mis llamadas, me lo deja bien clarito: <<Yo nunca he sido tu madre. No soy más que una actriz>>. Tras ella aparecen los viejos profesores de escuela seguidos del párroco que me dio la primera comunión. Desfilan las bellas damas a las que besé. Aparecen los amigos, el jefe y los camareros del café donde nunca me senté a escribir. De la plataforma surgen, al compás de los recuerdos, todos los caracteres de este circo que es la vida. Entonces alguien me cede un megáfono y empiezo a categorizar. << ¡Los amores de juventud primero! ¡Los de madurez después!>> Con grave esfuerzo consigo que vayan subiendo a la plataforma. Carmencita, mi primera novia, me tapa los ojos desde atrás << ¡Carmencita!>>, la reconozco por sus manos, esbeltas y delicadas <<Admite que no puedes vivir sin nosotros>>, dice. La empujo entonces a unirse al grupo, con los amores primigenios. Maurice (mi ayudante de dirección) la acompaña. Algunos, los más rebeldes, continúan desperdigados por la arena. Maurice, vestido con traje de frac y sombrero hongo encabeza la plataforma << ¡Todos de la mano!>> Y así, poco a poco, el grupo comienza a rodar escoltados por el elegante acompañamiento de una orquesta de varieté. Dando las últimas órdenes, inserto a un viejo amigo perdido y me sumo a la rueda entre Carmencita y el profesor de gimnasia. Rodamos hasta el final de los días. El grupo de payasos continúa entonando fanfarrias a golpe de saxofón. Ahora estoy completamente seguro; la vida es un circo y cada uno es su propio regidor.

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