REFLEXIONES SOBRE EL ARTE DE LA NOVELA

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Poca cosa puede decirse de la novela a estas alturas de partido. Poca cosa porque, naturalmente, y como la mayoría de libros leídos en estado de embriaguez, el comentario de texto es siempre huidizo a la irracionalidad de borracho. El arte de la novela, colección de reflexiones recogidas a partir de conferencias impartidas por Milan Kundera, es uno de esos libros leídos bajo los efectos del vino. Empieza uno a soplar (por frustración, por pena, por olvido de amores) y se zampa los libros doblados. Cosa mala. Cuando la prosa se inclina hacia abajo; cuando se vuelve doble, las ideas entran en avalancha. Luego tiene uno la sensación de haber sido aplastado por una nieve densa, irrespirable. Tanta idea recién adquirida lo hace a uno creerse más listo, más llenito. Pero la losa socrática pesa e inmediatamente afirmamos eso de: <<Solo sabemos que no sabemos nada>>. Insistimos: el vino y la reflexión bailan al amanecer como una pareja triste.

A Kundera lo conocemos por levedades. En su más excelsa novela, La insoportable levedad del ser, el autor checoslovaco desplegaba su particular análisis del alma a través de la polifonía de géneros. Ejemplo: Kundera utilizaba el ensayo estético para, a partir del concepto de lo kitsch, explorar las posibilidades de los distintos personajes. Más allá de la intriga amorosa, el listo de Kundera extendía su vieja sabiduría anticomunista a través de la técnica plural. Pero no solo del ensayo vive el hombre; Kundera se abastecía también de la definición terminológica como recurso a la hora de hacer avanzar el relato ¿En qué consiste entonces la novela? ¿Qué clase de aventura literaria es esa en la que se admiten las formas de un diccionario? ¿Qué es un novelista? ¿A dónde voy? ¿De dónde vengo? ¿Existe el amor en Marte? Vayamos al lío:

NOVELISTA: Dícese de quien no se conforma con redactar informes, hacer exámenes o rellenar facturas de la luz. Kundera define al escritor como un explorador del ser. Rastreador de la existencia, el novelista nunca arroja verdades apodícticas ni afirmaciones rotundas. La labor del escritor es la de esculpir interrogantes. Su terreno es el terreno del eterno cuestionamiento. <<Podría ser así pero también podría ser de otra forma>>. El novelista edifica porque no tiene más remedio que edificar. Es un arquitecto de lo irracional y así lo atestiguan sus criaturas. El novelista es un observador de tragedias pero también de amores; de suicidios y de sacrificios. El novelista explora crímenes y milagros. Los describe, los reflexiona hasta llegar a un cruce de caminos que es siempre, y como su propio nombre indica, encrucijada y confusión. El novelista, a diferencia del filósofo, no es dogmático sino hipotético ¿Qué son las novelas de Kafka sino confusión?

NOVELA: Mapa de la existencia humana. Cuanto más avanzamos en la historia de la novela más se estrecha el cerco en el que habitan los personajes. Don Quijote, el primer héroe novelesco, tiene el paisaje del mundo a los pies de su locura. Pero por cada centuria pasada, mayor es la lista de arquetipos novelescos y menor el espacio de juego. A don Quijote no solo le sigue Tristam Shandy, con éste se desparrama sobre Europa la posterior novela decimonónica, Flaubert, Proust y todo Tolstói. La lista es hoy inabarcable. De las grandes llanuras manchegas a una estrecha oficina de burócratas. El mundo, y de paso todo el universo, como una notaría atestada de papeles viejos. El hombre moderno se ve tan radicalmente anulado, que ni siquiera tiene derecho a volverse loco. A lo sumo, acaba convertido en escarabajo.

Será precisamente Tolstói quien descubra lo irracional del acto humano, de la acausalidad innata a toda existencia arrojada. Pongamos un ejemplo: el joven Wherter está enamorado de la mujer de su mejor amigo. No puede traicionarlo y tampoco es capaz de renunciar al amor, por lo que decide quitarse la vida. Se trata de una ecuación coherente y cerrada. Todo es, hasta la fecha, legítimo y metódico. Sin embargo, la edad moderna avanza con su racionalidad maléfica destruyendo garantías. La irracionalidad de la razón explota a mediados del siglo XX para enseñarnos que el todo es siempre inasible. Ni espíritu absoluto, -rogamos se nos perdone la expresión- ni pollas en vinagre. Tolstói envía a Anna Karenina a la estación treinta años antes de la gran guerra sabiendo que el acto suicida de ésta no es tan comprensible como lo fue el suicidio de Wherter. La complejidad interior de Anna es ya tan intrincada, que no podemos atribuir, por ejemplo, el que no pudiera ver a su hijo como desencadenante de su tragedia. La cosa se embrolla, dirá Kundera; tan complicado es el asunto, que Tolstói se ve obligado a utilizar una forma radicalmente nueva para profundizar en las cavidades de Anna: el monólogo interior. Tolstói y Joyce guiñándose un ojo en los confines del tiempo.

La tarea de la novela es, por lo tanto, recuperar el olvido del Ser propiciado por la edad moderna. El novelista, como explorador de la existencia, tiene la responsabilidad de iluminar esas regiones sombrías. Su tarea no es la de robar soles (el novelista no es ningún Prometeo), su tarea es recuperar el Ser del hombre, entrometerse por los rincones, tenderlo entre cordeles. Su misión no es dar soluciones. La herramienta del novelista es el interrogante. Con este cincel en forma de pregunta se construyen las grandes narraciones. Toda incógnita profunda nace de estos exploradores del Ser. De su incesante búsqueda, de su experimentación con egos ajenos que siempre son el reflejo de nosotros mismos. El novelista es un escéptico visitante de paisajes del alma. A su regreso, y como el replicante Roy en Blade Runner, solo puede añadir una única cosa <<Yo he visto cosas que vosotros no creeríais>>.

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2 respuestas a REFLEXIONES SOBRE EL ARTE DE LA NOVELA

  1. G. dijo:

    Me gusta más la estética de este blog, aunque el anterior tenía algunos contenidos muy buenos. Iré poco a poco poníendome al día.

    • Esperamos seguir proporcionando contenidos de calidad. Si no de calidad, al menos, redactados con pasión. Espero que vaya todo bonito andes por donde andes. En cualquier caso, siempre podemos encontrarnos por la malograda facultad de Filosofía. Saludos.

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