DICCIONARIO DE ÍDOLOS (A-H)

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ALLEN, WOODY: Por su innegable contribución al arte cinematográfico. Por su disección del espíritu humano. Por Manhattan, Septiembre y Desmontando a Harry; pero sobre todo, por Delitos y Faltas, cima que no volveremos a alcanzar, gloria perdida de un Allen desorientado. Ya no recibimos con entusiasmo ninguno de sus estrenos, ni esperamos encontrarnos reflejados en el espejo de sus narraciones; pero se lo perdonamos, porque sus últimos filmes son los garabatos de un pintor desmemoriado, moribundo, polarizado por la decrepitud.

BERNHARD, THOMAS: Por el barroquismo de su prosa, que resuena con la intensidad de una tormenta en el desierto. Por su hermosa manera de negar la vida. Porque todo en Bernhard es teatralidad y aquí, el artificio, nos la pone dura. Porque es un escritor demoledor, cómico y endiabladamente estético. Porque a pesar de todo, Bernhard devoraba helados de nata aun sabiendo que la enfermedad y la extinción son un mal inevitable. Porque estaba solo, y en su terrible soledad, nos hizo sobrellevar la nuestra. Por original, por individualista, por tener toda una colección de zapatos italianos.

CÉLINE, LOUIS FERDINAND: Por ser el responsable de una novela hermosa a la par que terrible. Por su fuerza expresiva, por su capacidad poética a la hora de escudriñar el mundo. Porque tuvo las santas narices de abandonar a su amorcito al otro lado del lago. Por apuntarse a la guerra movido por una inconsciencia juvenil. Porque gracias a él sabemos que el arte no tiene que ser edificante. Porque a diferencia de sus seguidores beat, Céline sí que fue un escritor de genio. Porque en todos los retratos, aparece con la efigie del mal, y el mal, siempre se nos antojó irresistible.

DOSTOIESVKI, FIODOR: Porque tras pasar diez años en Siberia, recuperó la fe. Si esto no es digno de elogio, no sé qué otra cosa debe serlo.

ERICE, VÍCTOR: Por rodar tres películas en cuarenta años. Por dotarlas de una extraña belleza. Por tomar en serio la labor del artista.

FELLINI, FEDERICO: Por mediterráneo. Porque ambos sabemos lo que significa un pueblo en la infancia. Por descubrirnos la terrible monstruosidad de una mujer con senos como montañas. Por trágico. Por mágico y por romántico. Por su despotismo a la hora de dirigir las naves de lo fantasmagórico. Porque sí, porque las películas de Fellini nos ayudan a seguir viviendo.

GILLIAM, TERRY: ¡Oh, Gilliam! ¡Maestro de la fantasía y de los mundos soñados! Quijote de la industria, loco preñado de ideas. La excentricidad zigzagueando entre la pesadilla y el sueño como un borracho sin gesto. Por enseñarnos que en Brazil las mulatas son embutidas en archivadores. Por resucitar a Münchhausen aun conociendo la bancarrota. Por ser el único norteamericano de los Monty Phyton. Por su amor al renacimiento. Por las terribles camisas hawaianas con las que suele presentarse a los estrenos.

HERZOG, WERNER: Por estar como una regadera y sobrevivir a la locura. Por seguir la estela de Aguirre persiguiendo lo imposible. Por atravesar Europa a pie cuando tan solo contaba quince años. Por rodar en el Amazonas dos veces (y con Klaus Kinski). Por su extraña forma de retratar al ser humano. Por sus despiadados documentales, retratos de una existencia carnavalesca.

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Una respuesta a DICCIONARIO DE ÍDOLOS (A-H)

  1. javi dijo:

    ya era hora de tratarlos cariñosamente 🙂

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