TRES PERFILES SOBRE EL FRACASO

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<<Durante toda la vida huimos del diletantismo y siempre nos atrapa, y nada deseamos con mayor intensidad que escapar al diletantismo durante toda la vida>>.

Thomas Bernhard.

Siempre me han interesado los fracasados. Los quebrados de espíritu. Aquellos que, dotados del entusiasmo, fueron por el contrario privados del talento. El mundo siempre ha estado lleno de tipos de este género. Algunos acaban sus días en moteles de carretera bebiendo hasta perder la razón, los otros, llevando a cabo suicidios largamente calculados. Nada de actos de desesperación espontáneos. El fracasado que conoce sus propias limitaciones es una figura trágica; alguien que siendo incapaz de aceptar su condición, se desgarra las pieles ante la impotencia de alcanzar el arte supremo. Cuentan que Robert Johnson, viejo precursor del Rock and Roll, vendió su alma al diablo en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarkslade, Misisipi, a cambio de interpretar el blues mejor que nadie. Johnson sabía de las limitaciones del mundanismo y, a fin de cuentas, ¿qué es una eternidad en el infierno a cambio de unos años pletóricos vagando por la Tierra?

Wertheimer, el protagonista de la novela de Thomas Bernhard <<El malogrado>>, es un buen pianista (al modo diletante), pero no el mejor. Su frustración crece cuando conoce a Glenn Gould, auténtico genio de la música y el mejor tocando las Variaciones Goldberg. Werheimer escucha a Gould tocar las Variaciones Goldberg con los ojos como uvas aplastadas. El rostro se le vuelve entonces abotargado. Solo puede pensar en una cosa cuando oye las Variaciones Goldberg: echarse la soga al cuello y borrarse del mundo. Eso o disparar contra Gould. Abatirlo mientras interpreta a Bach, ¡Bang! Se acabó. Por esta opción se decantó Antonio Salieri, ¡oh, rey de los mediocres, de los envidiosos, de los eternamente frustrados! Salieri no solo tuvo que vivir en una época en la que los genios parecían multiplicarse, la Corte Imperial de Viena, sino que tuvo que soportar la imponente figura de Mozart; el genio de todos los genios musicales. Un tipo que además era pequeño, vulgar e insolente << ¿Por qué Dios crea en mí el deseo y me niega el talento?>>, se preguntaba el compositor italiano << ¿Por qué bendice a ese miserable que además es un aficionado a la vida desordenada y al billar?>>. Salieri, antes que el suicidio, elige la aniquilación del genio. Un poco de veneno y en un periquete Mozart a la fosa común. Se acabaron las óperas, arias y sinfonías << ¿Cómo puede Dios bendecir con el genio a un tipo aficionado al chascarrillo ofensivo?>> Mozart siempre fue un músico de lo más escatológico. En su casa museo, ubicada en la ciudad de Salzburgo, (curiosamente la misma patria denostada de Bernhard) cuelga un viejo óleo en el que un hombre vestido a la moda de la corte, lame las nalgas de otro que posa con los calzones bajados. Leck mich im Arsch en si bemol mayor, es el título de un canon compuesto por Mozart. Significa, literalmente, “Lámeme el culo”. Este tipo de bromas no son propias de alguien consagrado a la música, pensaba Salieri. Mozart debe morir. Pero Mozart no muere porque los genios son inmortales.

No obstante, la rueda del fracaso sigue girando. Infinitos son los proyectos frustrados que, desde la muerte de Mozart, se han venido quebrando sobre la tierra. Incontables carreras tiradas a la basura, cuadros sin pintar, guiones sin escribir, novelas pobres, desestructuradas o literalmente risibles. El diletante, cuando no es consciente de su falta de talento, además de trágico se vuelve ridículo. Algunos se empeñan en rizar el rizo desempeñando su arte travestido de mujer. Es el caso de Ed Wood Jr., considerado hoy como el peor director de la historia del cine. Pero si por algo se caracteriza la postmodernidad, es por esa tendencia a entronizar ángeles caídos. Hoy no apreciamos los cuadros de Botticelli o Caravaggio pero sí todo el cine de clase Z. Obviamos la música de Wagner pero ensalzamos cualquier éxito musical procedente de Youtube. Cuanto peor y más ridícula sea la creación, cuanto más falto de talento esté nuestro músico, mejor. Por eso Ed Wood tiene hoy miles de fans por todo el planeta. Un tipo que acabó rodando películas de monstruos y desnudos. Un tipo con serios problemas de identidad sexual que depositaba un entusiasmo ciego en todo lo que hacía. En cierta ocasión, alguien le dijo refiriéndose a una de sus cintas, que era la peor película que había visto nunca. Wood respondió << ¡La próxima será mejor!>>. Y así prosiguió su carrera rodando películas de ínfima calidad hasta acabar sus días borracho y solo. Ed Wood es una prueba histórica de todos esos talentos zarandeados. Un pobre entusiasta sin mucho que hacer en la vida. Un alma perdida. Un virtuoso de lo grotesco. Ed Wood perteneció a esa clase de hombre que todo lo convierte en parodia. Y sin pretender tal cosa. Si eso no tiene un poso amargo de tragedia, entonces, no sé qué otra cosa puede tenerlo. Al menos, Hollywood le dedicó una magnífica película. Bella, elegiaca, e insoportablemente ridícula. Puede darse con un canto en los dientes.

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