MEMORIA

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Joe Brainard, escritor estadounidense perteneciente a la década de los setenta, descubrió el santo y seña del recuerdo. Se trata de una locución fascinante: I remember (Me acuerdo). La expresión, rudimentaria a simple vista, tenía el poder de cien magdalenas proustianas. Con esta articulación, Brainard nos reveló la capacidad que cada uno tiene de viajar en el tiempo. Es fácil. Solo hay que cerrar los ojos y mover los labios: me acuerdo.

Me acuerdo de esas veces en que no sabes si estás muy feliz o muy triste.

Me acuerdo de arrepentirme de no haber hecho cosas.

Me acuerdo de desear haber sabido antes lo que sé ahora.

Me acuerdo de las amapolas rojas silvestres de Italia.

Me acuerdo de los días lluviosos a través de la ventana.

Me acuerdo de la dulzura de Marilyn Monroe en ‘Vidas rebeldes’.

Me acuerdo de los sonidos de las retransmisiones de béisbol que llegaban desde el garaje los sábados por la tarde.

Me acuerdo de los pueblos vacíos. De las lunas tintadas de verde. Y de los carteles de neón justo cuando se apagan.

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