¿QUÉ ES FILOSOFÍA?

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Por Javier Tejeda

Todo el que haya leído suficiente filosofía sabrá que hacerme esta pregunta con la edad que tengo es arrogante además de ingenuo. No se equivocan. Grandes filósofos como Deleuze o Heidegger han tardado mucho en preguntársela sabiendo de su complejidad. Hace falta tener una cierta distancia de algo, para preguntarse sobre ese algo al completo, con la filosofía no es distinto. Ahora, en cambio, estoy completamente inmerso en ella y la distancia es nula. Obviamente, esta pregunta no busca lo mismo que buscaba la de Deleuze o Heidegger. La pregunta se desarrollará de forma didáctica, se usará para acercarnos a la filosofía. Lo único que queremos con ella es redirigir la mirada para al menos desmentir visiones estúpidas de la filosofía; hacer que se mire para el lado que es, aunque no llegue a verse del todo. La pregunta de verdad, si llega algún día, llegará dentro de muchos años. Sin más dilatación, sabiendo ya a que nivel nos estamos preguntando, procedamos: ¿Qué es filosofía?

Filosofía es metafísica. Es únicamente eso. ¿Y qué es entonces metafísica?La etimología de la palabra nos lleva a pensar en un “más allá”, en algo que está lejos, allende lo físico. Esta sería una “definición” breve y tosca de la metafísica; la primera que se nos viene a la cabeza al escuchar el término, la primera que pensamos cuando empezamos a indagar en la materia. Pongo “definición” entre comillas debido a que intentar dar con una definición de la metafísica es extremadamente ingenuo, torpe, y tonto. Ya iremos viendo por qué más adelante. Pero bueno, al menos ya tenemos una primera idea de ello. No obstante, yo no sé griego clásico, y creo que la mayoría de los que leen esto tampoco. Así que recurrir a lo etimológico para intentar responder a la pregunta por la metafísica no nos sirve de mucho. Porque.. ¿que se querría decir en griego con el prefijo “meta”? Hemos dicho que allende, ¿pero somos capaces de captar los matices del allende? Yo desde luego no.  Y Si no somos capaces, lo que está “más allá” nos lleva a pensar en lo místico, en lo último, en el final. Nada tiene que ver el final, lo alejado, lo que no se puede ver debido a la infinita distancia a la que está de nosotros, con la metafísica. Esta visión ingenua hace pensar que la metafísica podría captarse si tuviésemos la visión de Légolas multiplicada por diez. Pero ni la visión de un elfo multiplicada por diez, ni por un millón, ni por un billón, ni por 20 elevado a un millón, podría ayudarnos a intuir qué es la metafísica. Seguramente el ver tanto y tan lejos nos pondría aún más difícil nuestro trabajo y nos alejaría del que aquí queremos tratar. Si el más allá no nos ayuda a pensar la metafísica, ¿qué lo hace? El más acá. Siendo rigurosos tendríamos que decir el más acá del más acá. El más acá, sin matizarlo, nos lleva a pensar en lo contrapuesto del más allá. De este modo, podríamos llegar a entender que el más allá es el cielo (pensando en términos cristianos) y el más acá la tierra. Pero éste más acá no sería la metafísica, sería justamente lo físico. ¿Qué es entonces el más acá del más acá? Lo que está antes de lo físico.

Ahora si nos acercamos más al de la metafísica. No obstante, aún nos queda por pensar que queremos decir con ese “antes” en cursiva. ¿Antes es lo anterior? No. Si pensamos en el antes como lo anterior, pensamos en lo primero; y esto, lo primero de lo físico, tampoco nos interesa. Tanto lo primero como lo último nos llevaría a la idea de Dios. Y Dios, así entendido, tampoco es metafísica. ¿Cómo debemos entonces pensar este “antes”? Como un antes formal. Esto es un antes estructuralmente distinto al antes temporal, es un “antes” que está antes (y ante) lo temporal cuantitativo. Es lo que denominaremos un antes conceptual. Con esta definición ya nos acercamos más a intuir que queremos decir con el más acá. Recapitulemos: Filosofía es metafísica. Metafísica es lo que está más acá. La cursiva del “más acá” (o lo que es lo mismo, el más acá del más acá) nos remite a un antes. La cursiva de este “antes” nos avisa de que hablamos de un antes estructuralmente distinto al antes temporal cuantitativo, estamos  pensando un antes conceptual. Si ha llegado hasta aquí, querido lector, se merece un ejemplo con el que intentaremos intuir aún mejor qué es esto de la metafísica. Ponga una línea de monedas sobre la mesa ¡hágalo! No solo lea. Si es pobre y no tiene suficientes monedas para hacer una línea, ponga gomas, lápices, bolis o pelusas. Me da igual, lo que sea, pero póngalo. ¿De cuánto ha hecho la línea? La mía es de diez. Tenemos diez monedas sobre la mesa, sobre nuestra mesa, en frente nuestra. Debemos imaginar que la línea de monedas se prolonga por ambos lados hasta salirse de nuestra habitación, nuestra casa, nuestro edificio, nuestra ciudad, nuestro país, nuestro continente, tanto por el principio como por el final se extiende hasta el infinito. Nosotros estaríamos situados en medio de la línea, sólo vemos las diez monedas que nos conciernen, no podemos ver ni su principio ni su final. Si lo que nos concierne es nuestra habitación, el sitio en el que estamos de la línea, ¿para qué intentar mirar al principio o al final de ella? De aquí parte la pésima crítica que se le suele hacer a la filosofía. <>. Frente a esto colocamos al científico, al médico o al ingeniero como el que si se encarga de lo que nos concierne (de estás diez monedas y no de las últimas ni de las primeras) y con ello son útiles (palabra que gusta tanto), construyen puentes y salvan vidas. Como he dicho, la filosofía también está situada en medio de la linea, en lo que nos concierne, lo único que ocurre es que no mira las monedas(el más acá) sino el más acá del más acá. Sigamos para intuir mejor con nuestro ejemplo qué es el más acá del más acá.

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¿Para qué mirar al principio o al final, teniendo tantas cosas inmediatas que arreglar en tan solo estás diez monedas? Para nada. El filósofo está completamente de acuerdo con vosotros. El filósofo tan solo mira estas monedas, no le hacen falta más. Incluso le sobran diez monedas(joder, que de monedas) para su estudio. Hay algo, no obstante, que se os ha escapado al ver estas diez monedas. Aquello que se os ha escapado es justamente de lo que se encarga la filosofía. En realidad no se os ha escapado, no puede escaparse, tan solo ha permanecido oculto. ¿Qué es lo que ha permanecido oculto de “ver estas diez monedas”? ¿La última moneda, la primera? No, tan solo el ver. Este ver es complicado de intuir y el sentido común no te deja “verlo”. No puedes verlo porque es lo que te permite ver, y lo que te permite ver no puede ser visto. En éste último parrafito está toda la problemática de la filosofía. Así de sencilla es. Lo increíble es que siendo tan corto el párrafo, tan sencillo, te puedes pasar toda la vida escribiéndolo, viéndolo, pensándolo, y nunca lo entenderás lo suficiente.

La filosofía no es complicada porque esté demasiado lejos de nosotros, sino justamente por todo lo contrario, porque está demasiado cerca. ¿Qué diferencia hay entre lo que está demasiado lejos y lo que está demasiado cerca? Sobre lo que está demasiado lejos solo se puede inventar, imaginar y creer, tener fe. En lo que está demasiado cerca no hace falta tener fe, ni inventárselo ni imaginárselo, se tiene la certeza de que está ahí, presionándote. Los esfuerzos en filosofía no residen así en inventar o imaginar, sino tan solo en alejarse para poder ver. Es tan solo un alejarse de lo que está demasiado cerca para ser visto, es un desocultamiento. Perdone, me he ido del ejemplo. Volvamos a él para intentar hacer entendible este galimatías gramatical del ver. Vuelva a la línea de las monedas, ¿está frente a ella?. ¿La ve? Claro que la ve, está lo suficientemente lejos de usted. Ahora coja su mano, ¡cojalá joder!, suéltela del ratón, del móvil, o de lo que sea y póngasela en la cara. Acérquesela todo lo que pueda a sus ojos. ¿Ya? Pues acérquesela aún más. Ahora ya no estará leyendo, le tapará la visión la mano ¿no?. ¿Ya se ha quitado la mano y ha seguido leyendo, o es que nunca se la llegó a poner? Póngasela coño. ¿Ha sido capaz de ver la mano cuando la tenía tan cerca de los ojos? <>. Claro que la ha visto, estúpido, sabe que es una mano. ¿Pero y si no supiese que es una mano lo que está tan cerca de sus ojos, podría verla? Ahora póngase la mano en la cara, pero no por la parte de la palma, sino por la parte de los dedos. Abra los dedos como cuando era chico y sus padres le decían <>, y usted se ponía la mano en la cara pero dejando espacio entre los dedos y creyéndose que sus padres no se daban cuenta. Mire ahora, con las manos así, con los dedos entreabiertos, la línea que hicimos de monedas. Verá que los dedos no se ven enteros y que además le estorban en su visión. Ahora guiñe un ojo, verá que los dedos se ven con más nitidez a la vez que le estorban más para ver las monedas.

Pues bien, la filosofía no se centra ni en las monedas que hay en la mesa, ni en la última moneda de la fila que nos hemos imaginado, ni en la primera, se centra tan solo en esos dedos que están pegados a su cara mientras usted mira las monedas. La filosofía es ese guiñar el ojo para ver la mano con algo más de nitidez. Solo le queda imaginar que ha nacido ya con esa mano pegada a los ojos, no que se la ha puesto en mitad de su vida, ahora, leyendo el texto, ¿cree que de ser así sería capaz de ver esa mano? ¿Cree que sería capaz de decir “tengo una mano delante”? ¿No cree que se le pasaría de largo y se iría directamente a mirar las monedas (o cualquier otra cosa)? ¿Si no ha visto nunca sin “mano”, como tener conciencia de que tiene la mano pegada a la cara? Si ha conseguido imaginar verdaderamente el ejemplo, si se lo ha tomado en serio, ahora ya intuirá mejor que quiere decir antes, el antes conceptual. Ahora ya olerá que quiero decir cuando digo el “más acá del más acá”. Ahora ya saboreará lo maravilloso de la ex-sistencia. Porque sí, esto es lo propio, lo magnífico, lo maravilloso, lo increíble y a la vez lo horrible, lo doloroso y lo trágico del humano: tener conciencia de que ha nacido con una mano pegada a la cara y no poder despegarse de ella para verla.

Si usted no se ha parado nunca a intentar mirar la mano y se ha entretenido solo contando las monedas, tengo que decirle que tiene una vida mediocre. Además he de decirle que si no se para a mirarla, tendrá hasta que se muera una vida mediocre, una vida de la que no podrá sacar ni la mitad del potencial que se le ha ofrecido. ¿Sabéis por qué Tales de Mileto se cayó al pozo? ¡Hemos estado equivocados toda la vida! No se cayó porque fuese mirando demasiado lejos, a las estrellas, sino porque iba mirando demasiado cerca, a su mano, y el pozo estaba demasiado lejos. ¡Miren la mano, no tengan miedo de caerse al pozo!

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