EL CAPITALISMO: UN MOVIMIENTO ANAL

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Por Javier Tejeda

Digamos que hay, para entendernos rápido, mal y didácticamente, dos clases de movimientos. De un lado tenemos el movimiento corpóreo, anal: comer-cagar-comer; y del otro el movimiento incorpóreo: comer-hablar-comer. En los tiempos que corren, estar parado es tarea ardua, por no decir imposible. El movimiento se torna necesario, consustancial a nuestra época. Si no estamos en movimiento, el mundo parece, que de un modo u otro, se nos escapa: se aleja para siempre hasta altas cumbres borrascosas o, más bien, nosotros nos alejamos de él hacia jodidas profundidades fecales. Estar parado es propio de la angustia o la angustia es propia de la parálisis. El estar angustiado, o parado, a día de hoy, parece que es síntoma de fracaso. El que no se mueve, fracasa; o el que fracasa es porque no se mueve. Nadie quiere ser hoy un fracasado paralítico angustiado. No entraremos a debatir si es mejor ser paralítico que velocista, o viceversa, no es esa la cuestión principal a tratar aquí. Aunque no  debemos olvidar que para dejar de comer lo que se caga y de cagar lo que se come, todo el mundo debe pararse y fracasar estrepitosamente antes de poder diferenciar entra la mierda y el alimento; ya que estos son más difícil de diferenciar de lo que se piensa, y el perpetuo movimiento, al final, sólo consigue llenarte la cara de mierda.

El movimiento anal no consigue diferenciar sus distintos elementos, ya que todos son excusa del eterno retorno comer-cagar. Alimentos y excrementos no consiguen diferenciarse unos de otros. El movimiento incorpóreo, en cambio, diferencia claramente lo que se come, lo que se habla, lo que se piensa y lo que se caga. Ya que, aquí, pensar, hablar y comer no son meras excusas del cuerpo sin cara, sin orejas, sin ojos: gran ano corporal o gran cuerpo anal. Gran Ano, llamado otras veces Gran HermAno, Dios, Hombre, Ciencia o Gran Capital. Le llamemos y le vistamos como queramos, de chaqueta, de tecnología o de verdad, nunca pierde su esencia: el hedor. A diferencia del movimiento incorpóreo, fantasma desnudo, olor puro; la verdad anal, culo enchaquetado, olor fecal, siempre deja su rastro excremental. Lo curioso del Gran Ano es que siempre parece que está en movimiento, pero el movimiento es contínuamente cíclico e improductivo. Productivo en tanto que alimento para él mismo, improductivo en tanto que creador de diferencias que se salgan de la simple serie comer-cagar-comer.

En el libro de Orwell, 1984, cualquier movimiento es siempre, no solo espiado, sino también provocado por el Gran Hermano. La vida, el movimiento, la dedicación de Winston Smith es reescribir la historia. Smith piensa que la historia, gracias a gente como él, sigue avanzado, cuando en realidad lo único que hace es caer en la circularidad comer-cagar-comer. No hay diferencia entre sus distintos elementos, Winston Smith es historia, y la historia es el Gran Hermano. En esto consiste el movimiento anal. Movimiento del que, Smith, consigue escapar al encontrar un elemento diferente, molesto, singular, que le hace recordar que fuera del eterno retorno del Gran Hermano se “escribe”, sobrevive, la diferencia. Este elemento molesto claramente es el diario, intrahistórico e intempestivo, escape al circulo vicioso y tramposo del Gran Hermano. Pero no creamos que son las páginas del diario el elemento diferenciador como tal, lo es el movimiento incorpóreo que crea: olor puro, sensación fantasmal. El diario, una vez descubierto, podría ser quemado, ya que al estar escrito podría ser víctima del movimiento anal. Ni siquiera la resistencia, como cuerpo material, es el elemento molesto diferenciador. El movimiento incorpóreo molesto se da en las miradas con Julia, en el roce de sus manos en la manifestación, en el olor puro que, siendo desprendido tras el arbusto primero, se desliza después por toda la realidad a través de las calles, las puertas y las mentes; pasando sin pararse, pasando sin retornar, dejando tan sólo el rastro de la diferencia expresada en una mirada, un gesto, un aroma; avisando a los demás puntos singulares que hay oportunidad de escapar al Gran Hermano. Aldoux Huxley, a su modo, en Un mundo feliz también percibe la posibilidad de este infinito circulo del movimiento fecal: comer-cagar-comer o trabajo-soma-trabajo. El soma hace parecer a la mierda alimento, para que así pueda volver a ser comida, y ésta a su vez otra vez cagada. Movimiento cíclico que no deja espacio para lo singular, si no fuese de nuevo, como en 1984, por dos elementos molestos que marcan la diferencia: el Salvaje y Bernard Marx. Salvaje sin habla, pura corporeidad molesta, y Bernard sin cuerpo, pura incorporeidad. Entre los dos articulan la nueva serie construida en una vecindad alejada, diferente, la de comer-hablar; dejando entre ellos, una fina línea, olor puro del arbusto, mirada sincera de Julia, movimiento fantasmal que posibilita el pensamiento.

Descartes también crea su Gran HermAno: el Yo. Por desgracia, éste queda lejos de ser una ficción, como la de Orwell o Huxley,  y se convierte en el centro regulador de todo el pensamiento de la modernidad;  más tarde servirá también de inspiración anal para la ciencia, el capital y la tecnología. A diferencia de los escépticos, muertos de hambre, nutridos tan sólo de una duda incorpórea, duda siempre por delante y por detrás de lo dicho <<Nada es más, pero esto tampoco es más>>; Descartes, glotón aristócrata, convierte la duda en mierda para nutrirse de ella. La usa como excusa para llegar al Yo, tramposo, haciendo creer que la duda va antes que el Yo por el simple hecho de mostrarla “antes”. La trampa es que el antes es tan solo temporal y no conceptual. Conceptualmente, el Yo se presenta como el Gran Ano, y la duda tan solo como una excusa ya pensada como el culo- desde el culo, quería decir.-   Descartes va desde lo mas indiferenciado, la pura duda, retrotrayéndose hasta lo mas diferenciado, la certeza, a través del método deductivo: <<Pienso, luego existo>>. Este movimiento es el propio del ano: de lo indiferenciado hasta lo más diferenciado en una sola línea. A diferencia del movimiento incorpóreo que va a la diferencia pero siempre saltando de una línea a otra, de una serie a otra. Así, mediante un movimiento anal, se consigue que la diferencia, la duda, Bernard, el Salvaje, Smith, Julia, el marxista, el hippie, el filósofo y el poeta, sean una mera excusa del Yo, el Mundo Feliz, el Gran HermAno, el Capital, el Empresario y el Culo Enchaquetado. El movimiento incorpóreo, en cambio, siempre va hacia lo diferenciado, o mejor, habita en la diferencia: olor puro, mirada de Julia. Por último, por si no ha quedado suficientemente clara la diferencia entre el movimiento anal, propio del capital, y el movimiento incorpóreo, analicemos un cuadro de mierda.

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En el Cinqueccentto italiano vemos que es muy común confundir el ojo del culo con el ojo de la cara. El Genio, se tapa un ojo de la cara y pinta con el culo. Es así como tiene lugar el plano espacio-perspectiva del Renacimiento. Del mismo modo que el Gran Hermano hace de la historia, las personas y las mentes su excusa, al igual que el Yo de Descartes hace lo propio con la duda y el pensamiento, Perugino y <<el ojo del genio>> actúa con la pintura, el mundo y la realidad. El movimiento anal de La entrega de llaves puede ser suprimido sin que el cuadro sufra demasiado. El ojo del genio funda el espacio perspectiva, éste a su vez posibilita a los personajes, y los personajes fundan el movimiento. Así, todo elemento diferenciador se vuelve uno. El movimiento es tan sólo de los personajes, completamente corporal. Los apestosos personajes están puestos en posición fecal mientras recogen la llave para así, sirvientes, poder guiar la mirada del espectador hacia el punto de fuga. Por ultimo, tenemos el espacio-perspectiva sirviente a su vez del Ojo Genial u Ojo Anal. El espectador es convertido en una mierda, excusa del cuadro, excusa del artista, que continúa el eterno retorno de la serie comer-cagar-comer, movimiento anecdótico, movimiento corporal. Mundo reducido al culo del artista.

Del otro lado, tenemos un movimiento puro, incorpóreo, en La noche estrellada de van Gogh. A diferencia del cuadro de Perugino, aquí no podemos señalar el movimiento. No podemos decir “el movimiento esta ahí”, o mejor, “ese personaje está en movimiento”; ya que el movimiento, como la mirada de Julia, como el olor puro del arbusto, pasa a través manchando todo el cuadro sin pararse jamás, sin dejarse atrapar. En La noche estrellada nos resulta imposible ver que se pintó antes y que después, que elementos pictóricos fundan y cuales son fundados. Si consideramos el plano como condición de posibilidad, vemos que nos quedamos sin nada, ya que el propio plano esta constituído por las pinceladas, las curvas y el color. No tiene sentido tampoco hablar del color si no hablamos a las vez de las curvas, ni de las curvas si no hablamos del color. No se sabe dónde empieza la curva y dónde el color, si el color es conseguido gracias a las curvas o las curvas gracias al color. Del mismo modo, no sabemos dónde empiezan las estrellas y dónde el cielo. No obstante, sin poder nombrar el movimiento, atraparlo, tenemos la sensación de que el cuadro entero está en movimiento, y que sin éste, la intima relación de sus diferentes elementos, Julia, Smith, el diario y el arbusto, el cuadro no tendría sentido. Esto es lo propio del movimiento incorpóreo, nunca se ve, siempre es olor puro que pasa a través.

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El capitalismo hace lo propio con cualquier elemento diferenciador, singular, molesto y peligroso que intente salir del torpe movimiento comer-cagar-comer. Así, es cómo se crean marcas como Desigual y se venden tazas con la cara del Che Guevara. El capital hace como todos los demás grandes anos: incluye para excluir. Deja existir la diferencia, pero solo como diferencia anal. El capitalismo tiene sitio para el revolucionario e inconformista, Cocacola nos lo recuerda con su anuncio “Cocacola para todos”, conscientes sus inteligentes publicistas de la serie comer-cagar-comer o beber cocacola- mear cocacola- beber meado. El capital hace de la diferencia, de lo singular, una excusa de él mismo al igual que el Gran Hermano o el Yo de Descartes. Por ello, la única forma de combatirlo no es, como se piensa, corpóreamente, mediante pancartas y fuegos, sino incorpóreamente, a través de la mirada de Julia, de una noche estrellada, del aroma de un arbusto. A través, por debajo, sin poderse atrapar, el movimiento incorpóreo va reventando poco a poco al Gran Hermano hasta que, un día, las chaquetas y las colonias no sean suficiente para tapar el gran hedor.

Las grandes velocidades que adquiere el capitalismo y el mundo loco en el que vivimos son, pues, propias del movimiento anal, del cuadro de Perugino, y no del movimiento incorpóreo de Julia, Smith, Bernard, los escépticos y van Gogh. No nos dejemos engañar, tan sólo hay movimiento circular; va rápido, pero recorriendo una y otra vez la serie comer-cagar-comer. ¿Para qué tanta prisa en comernos la mierda y cagarla de nuevo para volver a comérnosla? El tramposo movimiento anal no es el movimiento que nuestra época, cada uno de nosotros, la filosofía, el arte y el pensamiento está pidiendo a gritos. No nos sirve de nada triunfar en una etapa de bicicleta estática, para eso mejor fracasar con las manos ensangrentadas por empujar nuestra silla de ruedas. <<¡Paralítico! -te gritarán-, ¡que lento vas!>>. Lo que ellos aún no saben es que el movimiento es siempre incorpóreo, fantasmal, olor puro, mirada de Julia, noche estrellada, guerrero invisible e invencible, guerra sin principio ni fin.

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