LECTURAS DESDE EL DESIERTO

©-Colita-07

Por Carlitos Céline

En este blog creemos que el verano es, entre otras cosas, el tiempo de los asesinos. Esto no tiene tanto que ver con aquel ensayo que, sobre Rimbaud et Verlaine escribiera el fanfarrón de  Miller, como con ese período en que familias enteras finalizan sus vacaciones en la mesa del anatómico forense. El verano es tiempo de reunión y confraternización, de mucha siesta y no saber qué hacer cuando tienes vacaciones pero no fondos. Muchos han visto la verdad en la medianía de un verano sevillano, escudriñando las grietas que, sobre la pared, remontan vertiginosas hasta el techo. Solo hay que echar un vistazo a los periódicos en agosto, o tolerar un informativo el tiempo suficiente para que, tras el correspondiente balance político, se haga morcilla de la sangre que queda de ese crimen perpetrado por un señor que no llevaba bien el calor. Ése que no dudó en disparar contra mujer, hijos y suegra antes de dispararse a bocajarro. En verano, la desesperación aumenta porque, como bien señalaba Thomas Bernhard en su magnánimo El origen, la gente no sabe qué hacer con el tiempo libre. Nosotros consideramos que hay mejores formas, o desde luego formas mucho menos impúdicas (la sangre pringa), de afrontar un verano en el desierto. Para eso solamente necesitamos una biblioteca que no quede demasiado a trasmano y cerveza, mucha cerveza. Estos son los libros que he leído, estoy leyendo, o quiero leer antes de que el otoño nos devuelva al mundo de los vivos:

El adversario, de Emmanuel Carrère: el escritor francés cuenta la historia real de Jean Claude Romand, un ciudadano galo que en enero de 1993 asesinó a su mujer, a sus hijos, a sus padres y, por esos caprichos que a veces tiene el espíritu de la destrucción, a su perro. Romand no pudo esperar a la temporada estival, el asunto le pesaba los 365 días del año. Tras la carnicería, Romand condujo hasta París y pasó la tarde con su amante. De regreso prendió fuego a la casa ingiriendo previamente una dosis de barbitúricos y esperó hasta que todo se volviera negro. Pero los gabachos tienen un cuerpo de bomberos tan competente que Romand fue rápidamente salvado de las llamas y, después de pasar varios meses en coma, condenado a cadena perpetua. No obstante, la enjundia y oscuridad, el enigma que de verdad interesa a Carrére, no es tanto el crimen como la indescifrable personalidad del parricida, quien desde su época de universidad habría fingido ser lo que no era. Estudiante de Medicina, un día decide no presentarse a los exámenes. Romand hace el paripé yéndose a fumar un cigarro mientras el resto de compañeros se examina, qué se yo, de Anatomía. Así durante décadas. A su mujer también le vende la moto, y todas las mañanas sale de casa fingiendo que va a un despacho imaginario donde desempeña el puesto de médico investigador de la OMS. Todo humo. Ante la vergüenza inminente que supondría ser descubierto, Romand se decanta por el asesinato. Todos fuera y se acabó. Pero… ¿y el perro? De Emmanuel Carrère hace tiempo que quiero leer su biografía sobre otro grillado de dimensiones metafísicas: Philip K. Dick. Esta biografía lleva por título Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. No menos interesante es El reino, última novela del francés donde relata las peripecias de Pablo de Tarso por los desiertos de Palestina al tiempo que narra, en clave autobiográfica, su propia experiencia con el catolicismo.

La conjura contra América, Philip Roth: a Roth hay que volver siempre. No porque a quien suscribe se le antoje, a Roth se ha de volver porque habla fundamentalmente de dos temas que a todos nos interesan: el sexo y la muerte. Puede que su literatura sea eminentemente norteamericana y, principalmente, judía, pero, hasta donde uno sabe, las lubricaciones y los fallos renales son universales. Todos pensamos un rato antes de dormir en lo milagroso que es estar vivos, sobre todo teniendo en cuenta lo tenebroso que se ha vuelto el mundo. Algunos se estudian constantemente el cuerpo desnudo frente al espejo en busca de ese bultito maligno que, de repente, nos lleve por delante. Por eso recurrimos a la fantasía erótica, porque es el sexo, dirá Roth, el único remedio contra la senectud y la rigidez pálida del cuerpo yerto. Pero La conjura contra América es otra cosa, es una novela perteneciente al subgénero de historia alternativa en el que Roth imagina qué habría ocurrido si Hitler hubiese llegado a Estados Unidos. Para ello recurre a la figura de Charles Lindbergh, aviador y magnate norteamericano de ideas republicanas y simpatizante del Tercer Reich que, en la ficción especulativa de Roth, habría logrado derrotar a Roosevelt en el ascenso a la presidencia. No cuesta gran cosa imaginar el asunto: pogromos en Nueva York, idénticos a los de la vieja Europa, antisemitismo a borbotones y esa capacidad genuina de Roth para hacer que parezca sencilla una literatura, en el fondo, insuflada de  profundidad.

alberto_garcia_alix

El mundo es asín, Pío Baroja: Enlazando con Roth, El mundo es asín es, probablemente, la novela de Baroja donde más descaradamente se aprecia el antisemitismo del escritor, tan a la moda, por otro lado, en el tiempo en que el autor de El árbol de la ciencia escribía sus novelas previas a la guerra. En este caso, su protagonista, Sasha, es una estudiante de medicina rusa (de verdad, no como Romand) que se instala en Ginebra huyendo de la revolución. Allí conoce a compatriotas y personajes de lo más variopinto (personajes típicamente barojianos) y se casa con un pintor español al que sobre todo le gusta pintar folclóricas, toreros pálidos y paisajes goyescos. Muy en la línea de Zuluaga. Sasha es la excusa definitiva que tiene el escritor donostiarra para diseccionar la sociedad española de la época desde un prisma externo. No es que Sasha provenga de una patria sustancialmente alegre, la Rusia de Sasha es más o menos la misma que tan bien supo dibujar Chejov en sus relatos, sin embargo esto no es óbice para que se espante de esa España tan de la meseta, donde todo es luctuoso y las mujeres visten de negro más por uniforme establecido que por la pena que sienten del viejo muerto. El mundo es asín es la sentencia que mejor define a un país en penumbras; con esa mezcla de estoicismo e incultura, Sasha se sorprende cuando ve la frase escrita en el frontispicio de una aldea castellana. La frase aparece ilustrada con unos corazones sangrantes atravesados por un puñal. España, qué extraña eres.

Los años indecisos, Gonzalo Torrente Ballester. Con el miope de Torrente no he podido. Su novelita, típica novela de aprendizaje, resulta tan anacrónica como acartonada. O lo que es lo mismo, me bajaba al bar si se terciaba, antes que quedarme a solas con la pluma de Torrente. Resulta que el gallego escribió esta novela de juventud cuando ya rondaba la senectud, y, para qué engañarnos, Los años indecisos es como uno de esos guiones de Woody Allen que el director de Brooklyn desempolva la tira de tiempo después para rodar su castigo de cada año. Lo malo es que ya hemos leído tropecientas mil historias sobre adolescentes puteros en tiempos de guerra, entre guerra y posguerra. Todo escrito con solvencia pero sin mucha gracia. Abro la boca, miro lo bueno que se ha puesto el día y me bajo a que el portugués del bar de la esquina me ponga una Cruzcampo. Que a uno ya se le ha pasado el entusiasmo de la juventud pero tampoco está tan arrugado para recrearse en la nostalgia de un amor perdido. Conclusión: el libro se queda arrumbado en un rincón, cogiendo polvo y sirviendo de estructura a telarañas. Lo siento, Torrente, a ti, ya no te voy a leer.

Cuentos completos, Truman Capote. Tengo sobre la mesita un libro con la foto de un jovencísimo Truman Capote mirando desafiante con un fondo de helechos. No me fío ni un pelo de Capote, tiene ese aspecto de genio impostado que, o bien tira por la senda de aquellos que me caen simpáticos (Bukowski, Carver, Roth) o por aquella otra que aparece repleta beatniks sin una pizca de gracia (Kerouac y toda su pandilla de niñatos). A la espera estoy de situarlo. Mientras tanto, me agarro a un clavo ardiendo y rezo por no acabar limpiando el cañón de un viejo rifle, o lo que es peor, ingiriendo con más abulia que pereza, un capítulo tras otro de La que se avecina. ¡Bang! ¡Bang!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s