UNA HISTORIA DE HOLYWOOD. LOS AÑOS OCHENTA: LA ERA DE LAS CORPORACIONES Y LA INTEGRACIÓN DEL AUTOR AL SISTEMA CAPITALISTA (Y III)

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Por Soy un gran mentiroso

Algo ha estado durmiendo todo este tiempo como un monstruo lovecraftiano; The Walt Disney Company, que durante el periódico clásico no es más que un estudio secundario dedicado a la animación, se ha convertido, con los años, en uno de los monstruos corporativos más poderosos de occidente. La década de los ochenta va a suponer la transformación del sector, o lo que es lo mismo: la metamorfosis de las majors en grandes conglomerados multimedia. De este modo, en 1969 Warner pasa a ser propiedad de Kinney Corporation; Paramount es de Gulf Western desde su compra en 1966 hasta que pase a manos de Viacom en 1994; 20th Century Fox es adquirida por el petrolero Martin Davis en 1984; United Artist, cuya primera película había sido la célebre El maquinista de la general (The General, Buster Keaton, 1926), es ahora de Transamérica, que a su vez pasará a manos de MGM/ UA en 1981. MGM, cuyo lema era el clásico Ars Gratia Artis, es adquirida por el financiero Kirk Kierkona en 1969; actualmente es propiedad de Sony, mientras que Columbia será comprada por Coca Cola en 1982. Entre tanto, RKO había sido absorbida en 1953 por Paramount. Algunas de las películas producidas por estos nuevos conglomerados son: Los Cazafantasmas, Indiana Jones, Regreso al futuro, Flashdance, Top Gun, Rambo, Nueve semanas y media o La jungla de cristal. Pero mientras en Hollywood los ejecutivos más jóvenes, la mayoría procedentes de las universidades de empresariales y finanzas, prefieren apostar por proyectos de pelaje mucho más comercial, heredando la estética de la publicidad y el videoclip, en Park City, Utah, Robert Reford inaugura el Festival de Sundance.

Alejado del mundanal ruido y parapetado tras el idealismo del artista romántico, el actor pretende dar visibilidad a un cine que se aleje de los presupuestos mercantilistas de Hollywood. Con Sundance nace el problemático concepto de cine independiente. Dentro de estas coordenadas se moverán cineastas hoy mundialmente reconocidos como Quentin Tarantino, Jim Jarmush, Kevin Smith o Joel y Ethan Coen, quienes estrenarán su ópera prima, Sangre fácil, en el Festival de Sundance de 1985. Más o menos por la misma época, en Nueva York, Harvey y Bob Weinstein fundan Miramax, compañía dedicada a la distribución de películas extranjeras. Los Weinstein, que habían iniciado su andadura produciendo conciertos de rock, compran su primera película en 1982. Se trata de una cinta sobre una actuación de los Monty Phyton titulada The Secret Policeman’s Other Ball. Pero los Weinstein quieren más, por eso no tardarán en desplazarse hasta Park City. Con un olfato innato para los negocios, los hermanos Weinstein se hacen en 1989 con los derechos de distribución de la película de un joven y desconocido director titulada Sexo, mentiras y cintas de video. Este director no es otro que Steven Soderbergh, y la distribución de su ópera prima por parte de Miramax va a marcar las reglas del juego a la hora de incorporar lo independiente al hambriento sistema capitalista. Después de los Weinstein, Hollywood empieza a ver el filón de oro que supone distribuir, cuando no directamente producir, largometrajes bajo el lucrativo sello indie; algunos de los cineastas cuyas carreras florecieron en los arrabales del sistema, son rápidamente fagocitados por Hollywood.

Larry Clark, reputado fotógrafo y cineasta forjado en los límites del underground, firma en 1998 Al final del eden (Another day in paradise) con Melanie Griffith y James Wood. Antes había dirigido Kids (íd, 1995), una provocadora cinta independiente producida por Miramax que seguía las autodestructivas peripecias de un grupo de adolescentes de Nueva York. Pero mientras que ésta era una producción de bajísimo presupuesto protagonizada por actores desconocidos, la primera contiene ya los elementos de un film de estudio. En el caso de los Coen, su segundo largometraje, Arizona Baby (Raising Arizona, 1987), una comedia disparatada inspirada en los cartoon de Chuck Jones y protagonizada por Nicholas Cage y Holly Hunter, fue producido por 20th Century Fox. Más explícito es el caso de Steven Soderbergh, quien ha venido construyendo una ya extensa filmografía a caballo entre los grandes presupuestos de los estudios y las películas de financiación independiente. Solo nos queda situar a The Walt Disney Company como el todopoderoso monstruo corporativo de los noventa. Sin ir más lejos, la compañía comprará en 1993 la lucrativa empresa de los Weinstein; con lo que desde entonces, el cine de autor norteamericano estará supervisado por Disney. Pulp Fiction (íd, Quentin Tarantino, 1994), una de las películas más violentas producidas hasta la fecha por un estudio, surge soterradamente del estudio del pato Donald y sus amigos. Y es que nada puede parar las ansias de Mickey. Así, no solo Miramax, también Touchstone, Hollywood Pictures y Caravan Pictures pasan a ser propiedad de la compañía. Ya a principios del nuevo milenio,  Disney adquiere Marvel Entertainment y LucasFilm.

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